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davLa solidaridad de los zumarragarras nos permite ser unos afortunados

Somos afortunados de poder contemplar La Antigua y es que hay quien la cuida y protege. Y no solo a nivel institucional. A lo largo de la historia La Antigua ha recibido gran cantidad de donaciones, tanto materiales como económicas. La Zumarraga de hoy es la misma Zumarraga de siempre.

De igual manera ha crecido el pueblo: bienhechores han ayudado a que Zumarraga tenga equipamientos como hospital, escuela, instituto, asilo, cementerio, han colaborado a que llegara el tren o a conducir agua potable a las fuentes públicas.

Una reforma implica una transformación

La Antigua necesitó una reforma estructural en 1740. En la reforma la vistieron con elementos de la época: la dotaron de un púlpito, de un confesionario y de bancos.

En 1976 hubo otra reforma importante, que cambió la cara a La Antigua y dio paso a La Antigua que conocemos.

Aunque fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en 1965 y Monumento Histórico Artístico Vasco en 1984, hoy día continúa siendo necesaria su protección. Por suerte la Asociación de los Amigos de la Antigua vela para su conservación y mantenimiento.

Aquello que ahora nos atrae antes era invisible

¿Puede imaginar La Antigua sin su magnífico espectáculo de vigas y tornapuntas? Pues antiguamente no se veía. Unas bóvedas de madera lo cubrían. Se eliminaron en una de las reformas más importantes que ha tenido La Antigua, en 1976.

Los muros interiores estaban cubiertos con cal, un buen desinfectante que además emblanquecía las paredes.

Durante la restauración de 1988 se descubrieron varias pinturas que la suciedad escondía: un dragón, un lobo, un cazador y un jabalí. Si buscan en las vigas las podrán ver.

Algunas curiosidades ya no las podemos apreciar

El antiguo púlpito de 1740 se derribó y destruyó con las obras de restauración de 1976.

Muchos bancos estaban decorados.

Una parte del retablo que se situaba en el altar mayor desde el año 1607 se conserva en el Museo Diocesano de San Sebastián.

Con la reforma de 1976 se derruyó la casa de la Serora. Allí vivía una mujer que mantenía La Antigua al día. Se había construido en 1604.

La madera de La Antigua estuvo a punto de desaparecer

En 1988 se vio que la infección de xilófagos de La Antigua era demasiado grave y se decidió intervenir. El proceso de tratamiento y restauración que se prolongó hasta 1990 fue muy cuidadoso y costoso: La Antigua, tal y como la conocemos estaba a punto de desaparecer. Por 10.000 pesetas se podía comprar simbólicamente una teja para poder colaborar en la restauración.

"Operación teja" es un ejemplo más de solidaridad de los zumarragarras.

En pantalla:

El proceso de desmontaje, restauración y vuelta a montar de piezas tanto originales restauradas como nuevas fue dirigido por el arquitecto Jesús Muñoz-Baroja.

  • Se desmontó toda la estructura de madera menos las piezas excesivamente grandes, que se desinfectaron mediante inyecciones de productos antixilófagos y se restauraron insitu.
  • Se calzaron algunos postes que no tenían buen apoyo.
  • Se hicieron moldes que se rellenaron de resina para reforzar vigas.
  • A algunas vigas se les colocó un refuerzo interior metálico.
  • El resto de las piezas se embalaron en cajas individuales y se llevaron a tratar.
  • En el tejado tanto la madera original como la madera de pino de la restauración de 1976 estaban completamente apolilladas, por lo que se procedió a desmontarlo completo y volverlo a hacer, utilizando vigas antiguas, madera nueva en algunas zonas, una capa de material aislante y teja.
  • La ermita se gaseo completamente y se mantuvo cerrada durante dos meses para exterminar lo que pudiera quedar.

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