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davZumarraga no es Zumarraga sin la ezpatadantza

Las fiestas de Zumarraga giran en torno la ezpatadantza, un baile de espadas de origen medieval que en el siglo XVIII fue prohibido por el Obispo y, más tarde, por una orden dictaminada por el Rey.

Hoy, aún se desconoce qué es lo que tiene de especial la ezpatadantza de Zumarraga. Se ha hablado de que es más lenta que las versiones guipuzcoanas, de la variación del compás del zortziko, que lo especial es bailar ante la virgen… pero lo que sí se sabe es que seduce a todo el mundo.

Se sabe que en La Antigua se bailaba la ezpatadantza antes del 1539. Su tradición está tan arraigada que muchos vecinos guipuzcoanos visitan año tras año La Antigua el 2 de julio. Cuando conoces a los zumarragarras te das cuenta de que es imposible separar Zumarraga de la ezpatadantza y del 2 de julio.

Desde 1576 hay constancia de que se baila también en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Cada 15 de agosto se puede disfrutar de este espectáculo.

La ezpatadantza no existe sin los dantzaris

Un capitán, tres atzendaris o azkendaris y ocho o diez dantzaris de cuerda conforman la ezpatadantza.

Los capitanes son elegidos por el grupo de baile mediante votación. El baile requiere agilidad en el cuerpo. Son ocho minutos y medio de punto, tijeras, cabriolas y paseos para dar el turno a los azkendaris, quienes bailan de rodillas ante la Virgen.

La ezptadantza estuvo a punto de perderse varias veces por falta de dantzaris. Pero el empeño de las autoridades para conservar la tradición hizo que contratasen dantzaris profesionales. Algunos actuaron como “maestros” de jóvenes dantzaris. Hoy se ocupa Irrintzi dantza taldea. Para tenerlo todo a punto empiezan a ensayar en Semana Santa.

El txistu y el tamboril son el latido de la ezpatadantza

Si quisiéramos separar el txistu y el tamboril de la ezpatadantza sería como ver una película muda.

El Obispado, tradicionalmente reacio a la música profana, quiso alejar los txistularis de la iglesia porque sus sones invitaban a la danza. Pero su arraigo era tan profundo que fue visto como mal menor.

Aunque hoy ya no exista como tal, durante siglos se convirtió en un empleo municipal.

Al igual que sucede con los dantzaris de la ezpatadantza, muchos zumarratarras han impulsado el conocimiento del txistu para evitar su pérdida. Desde la jubilación de los últimos txistularis municipales, hacia 1970, el ayuntamiento llegó a un acuerdo con la Banda de Txistularis Antzinako Ama.

Alguien dijo "cuesta creer, que del ingrato silbo, del sencillo y primitivo instrumento, se puedan arrancar tales armonías".

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